En primer lugar, que la planta esté bien identificada para poder localizar todo lo necesario sobre sus cuidados y mantenimiento.
Hay que asegurarse también de que contamos con las condiciones adecuadas para su correcto desarrollo en nuestro entorno.
También es conveniente elegir las plantas con más flores, con las hojas sanas, y descartar directamente aquellas que tengan manchas sospechosas en tallos u hojas.
En un principio no. Si las raíces de la planta son demasiado largas y salen a través de los orificios de la maceta, habría que transplantarla cuanto antes, lo que puede ser perjudicial para la planta al unirse al cambio de ambiente consecuencia del traslado.
Lo más conveniente es evitar este tipo de plantas, ya que el musgo localizado sobre la tierra es probablemente la consecuencia de un exceso de agua, lo que podría llegar a traducirse en unas raíces estropeadas o podridas.
Sin duda la de plástico. Una maceta de plástico es más ligera, duradera y económica que otra de barro. Además, las macetas de barro, al ser porosas, retienen peor la humedad y es necesario regarlas con más frecuencia.
El tamaño más adecuado es el justo, ni más ni menos. No es muy conveniente que la maceta sea demasiado grande, sin embargo, las plantas de terraza necesitan recipientes algo más grandes mientras que las de plantas de interior es conveniente tenerlas en macetas más pequeñas.
Se pueden tener en maceta todas las plantas anuales y aquellas que sean de crecimiento lento y además deben resistir bien la sequía.
También son adecuadas para cultivar en macetas todas las plantas que proceden de climas cálidos y deben ser protegidas en el invierno trasladándolas al invernadero o al interior de la casa.