El argumento ontológico.
El argumento ontológico sobre la existencia de Dios propuesto por San Anselmo de Canterbury sostiene que “en la propia idea de Dios vemos su existencia”, es decir, a la esencia divina le corresponde existir. Dios es el único ser que existe por esencia. Rechazó este argumento porque aceptarlo querría decir que conocemos la naturaleza divina y que podemos conocer algo sin comenzar por la experiencia sensible.
San Anselmo concibe a Dios como un ser mayor que el cual nada puede pensarse. Como todos tienen esta idea de Dios en el entendimiento, Dios debe existir en el entendimiento. Si existiera en la realidad un ser mayor que Dios, sería una contradicción, luego Dios existe en la realidad y en el entendimiento. La existencia de Dios está incluida en su esencia. Santo Tomás está de acuerdo con esto último, pero niega el argumento porque no podemos conocer la esencia divina.
El objeto adecuado de conocimiento humano son las realidades materiales. Su crítica refleja que es imposible que todos entiendan por Dios esta definición y que conozcamos su naturaleza. Aunque viésemos en la idea de Dios que la existencia le pertenece necesariamente, Dios existiría en el entendimiento pero no en la realidad. Hacer esto último sería dar un paso ilegítimo de la razón a la realidad.
Demostración de la existencia de Dios.
Aunque la existencia de Dios sea evidente en-sí, no es evidente en-sí para nosotros, que no conocemos su propia esencia.
Tomás diferencia entre dos tipos de demostraciones: A priori (cuando partiendo de la causa se concluye la existencia de la causa) y a posteriori (cuando partiendo de los efectos se concluye la causa de los efectos. Debemos demostrar la existencia de Dios partiendo de los efectos y no de las causas. Las cinco vías tomistas para demostrar la existencia de Dios tienen una estructura en común.
Pero cada vía parte de una cualidad de los seres finitos:
Cada una de las conclusiones a las que se llega en las 5 Vías es un atributo divino. La filosofía puede llegar a conocer la naturaleza divina aunque de modo imperfecto. Podemos conocer a Dios, aunque de modo inadecuado, negando todo aquello que no le pueda pertenecer por ser limitado (negando lo mutable, podemos afirmar que Dios es inmutable). La esencia de Dios se identifica con su existencia. También podemos conocer a Dios de modo imperfecto atribuyéndole perfecciones que vemos en las cosas pero de modo analógico. Para Aristóteles, Dios no es providente, su actividad consiste en pensarse a sí mismo pero, para Tomás, al pensarse a sí mismo, Dios conoce el mundo.