El empirismo sostiene que todo conocimiento proviene de la experiencia sensible.
El racionalismo concede a la razón la primacía en cuanto al origen de conocimientos. Para comprender esta afirmación debemos tener en cuenta el ideal y el método de la ciencia moderna. Este ideal consiste en construir un sistema deductivo en que las leyes se deducen a partir de ciertos principios. El problema básico consiste en determinar de dónde provienen las ideas y principios a partir de los que se deducen los problemas actuales de la ciencia. Ante esto sólo caben dos respuestas:
Esta última explicación (racionalista) del origen de las ideas se denomina innatismo, ya que sostiene que hay ideas innatas, connaturales al entendimiento, que no son generalizaciones a partir de la experiencia sensible.
Lo que quería Descartes no era descubrir una multiplicidad de verdades aisladas sino desarrollar un sistema de proposiciones verdaderas en el que no se diese por supuesto nada que no fuese evidente por sí mismo.
Aristóteles creía que los diferentes objetos de las distintas ciencias exigen métodos diferentes. Descartes se opone a esta teoría aristotélica pues el saber es único y la razón es una, el método por tanto ha de ser unitario. La finalidad cartesiana era construir una filosofía científica.
Entiende por método una serie de reglas ciertas y fáciles tales que, todo aquel que las observe exactamente no tome nunca algo por verdadero y sin gasto alguno de esfuerzo mental sino por incrementar su conocimiento paso a paso llegue a una verdadera comprensión de todas aquellas cosas que no sobrepasen su capacidad.
La intuición es la concepción libre de dudas de una mente atenta y no nublada que brota de la luz natural de la sola razón. Es una actividad puramente intelectual. Intuición y deducción son los caminos más seguros hacia el conocimiento pero no pertenecen al método del que habla Descartes.
Como conclusión a estos preceptos, podemos afirmar que el método se reduce a la evidencia. Lograr una primera verdad de donde se deduzcan las demás, distinguir entre lo verdadero y lo falso para llegar a encontrar el fundamento de la certeza. Para ello, Descartes afirma que hay que empezar “dudando”.
Descartes pensó como preliminar a la búsqueda de la certeza absoluta que era necesario dudar de todo aquello que se pudiera dudar y tomar como provisionalmente falso todo aquello de que se dudara a fin de ver si después de eso no quedaría algo que fuese indudable. La duda cartesiana es: